miércoles, 17 de octubre de 2012

Fantasía de una obsesión

        Es de noche. Camino despacio, casi, casi sin hacer ruido, en puntillas de pie... subo las escaleras y enciendo la lámpara del altillo.
        Todas las noches el mismo ritual. Camino despacio, casi, casi sin hacer ruido, en puntillas de pie... subo las escaleras y enciendo la lámpara del altillo.
        No puedo dejar de hacerlo, es una sensación que me arrastra, me empuja del mundo, me enrosca en un remolino sin fin.
        Me despierto. abro los ojos, camino despacio, enciendo la lámpara y doy con ellos. Los huelo, leo sus títulos, elijo uno. Sus caricias. Lo que más se reconce es la sensación de volar, de flotar en el aire, de sentirse en otro lado sin haberse movido un centímetro de allí; transportandose a través del tiempo, de las formas,, de las páginas, del viento. sintiendo en el cuerpo lo que pasa por la mente.
        De igual modo, el cuerpo sin mente; éste fluyendo por sí mismo, sin dueño, explotando sin control, sin poder regular sus fluidos, sus malestares ni sus bienestares. La sangre corriendo por las venas exageradamenterápida, los sentidos puestos en marcha, en una sola dirección. El olfato, la vista,, el tacto, todo condensado allí.
        Camino despaciio, casi, casi sin hacer ruido, en puntillas de pie... subo las escaleras y enciendo la lámpara del altillo.
        Busco sin encontrar la formula para tenerlo, huelo como si se me escapara su aroma del olfato; como un pañuelo perfumado sobre mi escritorio... lo tomo, huelo, vuelvo a buscar su olor, imposible capturar con los sentidos esa fórmula que lo acercaría a mí.
        Enloquezco por hallarlo; busco, toco, siento, se me escapa otra vez. Se desvanece entre mis dedos su piel y el recuerdo de su piel, su aroma y la suavidad de sus hombros.
Imagino su sonrisa perfumada y el brillo de sus dientes húmedos, intento escapar pero los pensamientos vuelven una y otra vez a hacerse dueños de su figura y de sus tapas duras.    Cada noche la tortura siniestra me persigue y nuevamente vuelvo a aparecer entre sus hojas, libros, olores.
        Tentación irrefrenable me persigue, aborrezco esta sensación que me empuja una y otra vez hacia el delirio de encontrarlo allí plasmado entre otros cuerpos; aplastado entre sus hojas como una mariposa o como pétalo de una rosa. "No está allí"... una y otra vez repite mi voz. 
        Una y otra vez  camino despacio, casi, casi sin hacer ruido...

Myriam Penna. Oscuros Laberintos.

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